jueves, 28 de mayo de 2015

ELOGIO DE LA CALIGRAFÍA (II)

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Después de releer la entrada de Elogio a la caligrafía, seguí meditando y profundizando acerca del mismo tema. 

Recuerdo, que atendiendo a la técnica, había llegado a la conclusión de que la caligrafía servía no sólo para escribir bien y tener buena letra, sino que también servía para mejorar la concentración y reducir el índice de hiperactividad.

Añadamos a ello la forma, la necesidad de crear una pequeña obra mecánica de arte. Se trata de acostumbrarnos a trabajar con la máxima precisión y conseguir nuestra propia obra de arte, acostumbrándonos a ser generadores de un elemento bello y precioso.
 
El hecho de tener que repetir hacia la saciedad una frase servía y sirve para educar a través de las palabras. La ventaja reside en que una muestra para copiar puede ir desde un refrán de sabiduría popular a una máxima de Confucio, pasando por conceptos filosóficos o principios del buen ciudadano. Todo ello resulta ser un elemento de educación subliminal.

Otro elemento denostado y al borde de la extinción es el cálculo. ¿Cómo olvidar aquellas tardes haciendo multiplicaciones y divisiones por cuatro o cinco cifras y que, cuando acababas, te regalaban con un “haga la prueba necesaria”? ¡Qué bonitos recuerdos!

Pues resulta que aquellas operaciones que nos esclavizaban se han convertido en nuestro aliado para realizar unos veloces cálculos mentales.
 

miércoles, 27 de mayo de 2015

INVICTO

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En nuestra vida diaria y con infinidad de retos por conseguir y objetivos que cumplir, lo más normal es no obtener los resultados previstos y esto, como no puede ser de otra forma, genera un estado de frustración.

Según el neurocientífico Mauricio Papini la frustración está relacionada con el sentimiento de pérdida y los mecanismos del dolor. Pero su existencia viene dada por la necesidad de aumentar los mecanismos de resilencia. Para combatirla es necesaria una actitud positiva y proactiva, evidentemente. 

Sin olvidar, como decíamos previamente, que es un mecanismo de supervivencia, se debe evitar vivir de manera permanente en ella y mucho menos aceptarla como sistema de vida. Pues cualquiera de estas dos opciones, a largo plazo, tiene como resultado la depresión y la apatía emocional que lleva al peor de los estados, la indiferencia.

La manera de vencer la frustración en aquellos objetivos que dependen única y exclusivamente de nosotros mismos es fraccionar los grandes retos personales en mini éxitos. A todos nos resulta evidente la imposibilidad de correr un maratón el primer día que nos ponemos nuestro nuevo y reluciente calzado deportivo, difícilmente podremos ni con la mitad y con seguridad no podremos con un cuarto.

¿Para qué ponernos retos imposibles? ¿Por qué nos obstinamos en conseguir lo imposible? ¿Para frustrarnos? ¿Para necesitar luego la ayuda de alguien que nos motive? ¿Qué es la motivación? ¿Por qué todos queremos motivar o ser motivados? La motivación ha resultado ser en el último cuarto del siglo XX y principio del XXI una fuerza irrefrenable, una energía mágica. 

Un afamado psicólogo estadounidense, Albert Ellis, afirma que “ya es hora de decir que se pueden realizar todo tipo de acciones aunque no se tengan ganas.”  Ellis explica que hay dos tipos de motivaciones, la emocional o intrínseca que es aquella motivación que se deriva de las cuestiones deseadas, el segundo tipo es la motivación pensada o extrínseca, se trata de una motivación racional pero sin fuerza. 

La solución a todo ello ya se encontró en la historia, cuando durante el Renacimiento, hace ya 500 años, los sabios se dan cuenta de que el hombre es la medida de todas las cosas, el ser humano se convierte en el referente del mundo, las distancias, las alturas, las velocidades se miden en referencia al elemento racional de la creación. 

Sin embargo, no todos los seres humanos son iguales, los hay superdotados intelectual, musical o físicamente, y es dentro de estos parámetros donde debemos mejorar, de buscar una progresión. Y la única manera de mejorar es aumentar paulatinamente nuestras capacidades, poco a poco, mejorando a través de mini-éxitos, un minuto más, una brazada más, una flexión más, una levantada más y, ahora, por fin la última.

Añadiendo pequeños retos a nuestro entrenamiento habitual a nuestra vida real, familiar, laboral,… es como conseguiremos grandes avances por medio de nuestros mini-éxitos.

Resulta evidente, siempre queda margen de mejora, que podemos hacer un esfuerzo mayor, pero no era nuestro objetivo para hoy, ya hemos alcanzado nuestro mini-éxito diario. No hay que hacerlo todo de golpe, pues nos puede llevar a una lesión, a una sobredosis de cansancio que implica aumentar nuestro descanso, y no, no son esos nuestros objetivos. Nuestro objetivo es entrenar hoy, mañana y pasado, pues ese es el camino de la mejoría, del progreso, de conseguir nuestro objetivo.
FESTINA LENTE.

SUAF

lunes, 25 de mayo de 2015

ESPARTANOS ¿CÚAL ES VUESTRO OFICIO?

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En la Esparta de Solón la vida era sumamente difícil. Un espartano nacía y vivía para luchar hasta la muerte y defender su patria de cualquier enemigo que osara ponerla en peligro. Después de su infancia pasaba a pertenecer al Estado que le cuidaba y suministraba todo aquello que pudiese necesitar. La vida la pasaba entre entrenamientos, ejercicios, luchas, demostraciones de valor y ostentación de energía muscular. También desarrollaban las técnicas militares y la lucha en grupo, entrenando su capacidad de confianza en el grupo.
Todo ello hacía que el individuo se sacrificase por el bien común, pero no es aquí donde quería llegar.

Volvamos a los espartanos y su total dedicación al entrenamiento puesto que las demás necesidades eran cubiertas por los ilotas, sus esclavos. Ese es un aspecto en el que los espartanos nos han avanzado. En la actualidad, lejos de tener una única y exclusiva dedicación debemos desplegar todas nuestras facetas para cumplir con todas las responsabilidades que hemos adquiridos y que debemos satisfacer para mantener nuestra posición social. En la actualidad desde que nos levantamos debemos ser padres, maridos, trabajadores, jefes, empleados,etc. 

La pregunta es ¿cuándo tenemos tiempo para ser nosotros mismos? Son esos cinco minutos,...pongamos diez, que nos son necesarios para pensar en lo que hemos hecho, en lo que hemos de hacer, en cómo hacer mejor lo que hemos de hecho, y qué podemos hacer mejor.

Esa meditación nos ayuda a plantearnos nuestra vida y a ver los caminos necesarios para conseguir nuestros objetivos. De esa manera se puede apreciar cómo mejorar en los entrenos deportivos o cómo distribuir los entrenos para poder mejorar, siempre manteniendo nuestros días de descanso.

El deporte no solo sirve para mejorar nuestros cuerpos; el ejercicio hace que segreguemos endorfinas que nos harán más felices y, por ende, más felices a los que nos rodean, el ejercicio hace que estemos lejos de ese cáncer del siglo XXI que se llama televisión de tal modo que movemos nuestro cuerpo y nuestro corazón, el hacer deporte al aire libre hace que nos despejemos viendo todo lo que nos rodea y si ha salido el sol absorveremos vitamina C por la vía epidérmica. 

Para todo ello hace falta serenidad, aislamiento y silencio, todos ellos bienes muy escasos en nuestro tiempo y que debemos luchar para recuperar. Detenernos durante un instante lejos de hacernos perder el tiempo, ayuda a distribuirlo y administrarlo de una mejor manera, pues al fin y al cabo se trata del único bien que realmente poseemos.

En vista de todo ello, únicamente podemos decir: "¡Quién fuera espartano!".

SUAF

jueves, 21 de mayo de 2015

NO HABLO PERDEDOR.

 


-          Mañana empiezo.
-          No tengo tiempo.
-          Me ha surgido un imprevisto.
-          El fútbol es así.
-          Yo pensaba que…
-          Creía que…
-          Entendí que…
-          Es muy difícil.
-          Con este tiempo no salgo.
-          ¿Entrenar lloviendo?
-          ¿Dije hoy?
-          No es el momento adecuado.
-          ¡Uy, si se me ha hecho tardísimo!
-          No tengo la equipación.
-          Estoy muy cansad@.
-          Lo haría, pero…
-          No seré capaz.
-          Me duele la cabeza,…
-          En cuanto tenga un día libre, empiezo.
-          Tengo un pequeño problema.
-          Tú sí, pero yo…
-          ¡Pero, qué cabeza tengo!
-          No me encuentro demasiado bien.
-          Lo encuentro tan aburrido.
-          Necesito recuperarme.
-          He quedado con un amigo.
-          No me gusta entrenar solo.
-          Hoy no tengo ganas.
-          Tengo que estudiar.
-          Acabo de salir de la pelu.
-          No veo resultados.
-          No quiero sobreentrenar.


Todas y cada una de estas frases (que todos hemos dicho al menos una vez en la vida) son los mayores enemigos que tenemos, las excusas. Con ese pensamiento nunca conseguiremos mejorar. Esa mejora que supone vencernos a nosotros mismos.

Son frases que no son de nuestro vocabulario ni de nuestro idioma. Porque aquí NO HABLAMOS PERDEDOR.


SUAF