En nuestra vida diaria y con
infinidad de retos por conseguir y objetivos que cumplir, lo más normal es no
obtener los resultados previstos y esto, como no puede ser de otra forma,
genera un estado de frustración.
Según el neurocientífico Mauricio
Papini la frustración está relacionada con el sentimiento de pérdida y los
mecanismos del dolor. Pero su existencia viene dada por la necesidad de
aumentar los mecanismos de resilencia. Para combatirla es necesaria una actitud
positiva y proactiva, evidentemente.
Sin olvidar, como decíamos
previamente, que es un mecanismo de supervivencia, se debe evitar vivir de manera
permanente en ella y mucho menos aceptarla como sistema de vida. Pues
cualquiera de estas dos opciones, a largo plazo, tiene como resultado la
depresión y la apatía emocional que lleva al peor de los estados, la
indiferencia.
La manera de vencer la frustración
en aquellos objetivos que dependen única y exclusivamente de nosotros mismos es
fraccionar los grandes retos personales en mini éxitos. A todos nos resulta
evidente la imposibilidad de correr un maratón el primer día que nos ponemos
nuestro nuevo y reluciente calzado deportivo, difícilmente podremos ni con la
mitad y con seguridad no podremos con un cuarto.
¿Para qué ponernos retos imposibles?
¿Por qué nos obstinamos en conseguir lo imposible? ¿Para frustrarnos? ¿Para
necesitar luego la ayuda de alguien que nos motive? ¿Qué es la motivación? ¿Por
qué todos queremos motivar o ser motivados? La motivación ha resultado ser en
el último cuarto del siglo XX y principio del XXI una fuerza irrefrenable, una
energía mágica.
Un afamado psicólogo
estadounidense, Albert Ellis, afirma que “ya es hora de decir que se pueden
realizar todo tipo de acciones aunque no se tengan ganas.” Ellis explica que hay dos tipos de
motivaciones, la emocional o intrínseca que es aquella motivación que se deriva
de las cuestiones deseadas, el segundo tipo es la motivación pensada o
extrínseca, se trata de una motivación racional pero sin fuerza.
La solución a todo ello ya se
encontró en la historia, cuando durante el Renacimiento, hace ya 500 años, los
sabios se dan cuenta de que el hombre es la medida de todas las cosas, el ser
humano se convierte en el referente del mundo, las distancias, las alturas, las
velocidades se miden en referencia al elemento racional de la creación.
Sin embargo, no todos los seres
humanos son iguales, los hay superdotados intelectual, musical o físicamente, y
es dentro de estos parámetros donde debemos mejorar, de buscar una progresión.
Y la única manera de mejorar es aumentar paulatinamente nuestras capacidades,
poco a poco, mejorando a través de mini-éxitos, un minuto más, una brazada más,
una flexión más, una levantada más y, ahora, por fin la última.
Añadiendo pequeños retos a nuestro
entrenamiento habitual a nuestra vida real, familiar, laboral,… es como
conseguiremos grandes avances por medio de nuestros mini-éxitos.
Resulta evidente, siempre queda
margen de mejora, que podemos hacer un esfuerzo mayor, pero no era nuestro
objetivo para hoy, ya hemos alcanzado nuestro mini-éxito diario. No hay que
hacerlo todo de golpe, pues nos puede llevar a una lesión, a una sobredosis de
cansancio que implica aumentar nuestro descanso, y no, no son esos nuestros
objetivos. Nuestro objetivo es entrenar hoy, mañana y pasado, pues ese es el
camino de la mejoría, del progreso, de conseguir nuestro objetivo.
FESTINA LENTE.
SUAF