domingo, 20 de diciembre de 2015

UN ÁRBOL COMO MASCOTA.







En el mundo actual es fácil tener una mascota, un animal de compañía. Es fácil ver a personas paseando al perro por la calle o con los gatos en casa, hurones, peces, serpientes, tortugas, hámsteres, cobayas, chinchillas, cerdos vietnamitas. Y consideramos a estos animales no como mascotas sino como un integrante más de nuestra familia.

Se trata de seres vivos a los que prestamos todas nuestras atenciones y que ellos, a cambio, nos ofrecen su amistad, su compañía, su fidelidad incondicional y, sin lugar a dudas, nos hacen mejores personas desarrollando esas emociones que habitualmente este mundo exige que anulemos.

Y ahora están apareciendo las mascotas electrónicas que aparentemente nos entretienen eximiéndonos de todo tipo de responsabilidad. 

El gran olvidado en nuestra cultura, aunque no por ello menos importante, resulta ser el reino vegetal.
Se trata de un elemento discriminado por carecer de movimiento autónomo, porque no emite sonidos, no pone caritas amorosas y porque al diseccionarlo no sangra del mismo modo en que hacemos los animales.

Sin embargo resulta importante para el planeta y, sobretodo, para todos y cada uno de los habitantes del planeta. Dejando a un lado el hecho de producir leña, frutos, sombra y mil cosas más, nos entregan oxígeno a cambio de nuestro anhídrido carbónico. Es decir, producen oxígeno en román paladino. 

La falta de compromiso del ser humano, y en especial del ser humano urbanita, tiene su origen en el desconocimiento, en la falta de contacto del hombre con la naturaleza, en la ausencia de vegetales vivos cercanos a nosotros. Nuestro respeto por la naturaleza aumentaría si tuviésemos el valor de incorporar un árbol en nuestra vida.

Si desde nuestra más tierna infancia nos hiciésemos cargo del crecimiento de un árbol, de nuestro árbol, obtendríamos una perspectiva diferente del planeta tierra. Ese árbol sería nuestra responsabilidad. Ese árbol demandaría que le dedicásemos cinco minutos diarios para admirarlo, comprobar la humedad de la tierra, para observar su crecimiento, para desconectar del mundanal ruido durante esos cinco minutos y disfrutar de un árbol que finalmente acabaría siendo nuestro árbol.

No hace falta decir que sería la solución a muchos de nuestros problemas planetarios. 

ADOPTA UN ÁRBOL.


SUAF.

viernes, 4 de diciembre de 2015

De derrota en derrota...

 
 
 
En multitud de ocasiones nos encontramos en situaciones que no nos permiten llevar la vida que queremos. Tenemos muchas obligaciones, demasiadas; tenemos muchos compromisos, tenemos unas relaciones sociales que  hay que mantener, viajes, reuniones, podemos añadir todos los impedimentos que nos rodean.
 
Sin embargo, hay algo en nuestro interior que no duerme. Hay una pequeña lucecita que se mantiene encendida invariablemente día tras día, como un lejano faro que nos obliga a no perder el rumbo y que nos recuerda realmente quienes somos.
 
Esa lucecita es el deseo de salir a correr, de dejar preparada la ropa por si mañana tengo tiempo, de seguir mirando páginas de deportes, revistas de deporte, de leer libros que nos ayuden a crecer.  Esa lucecita nos indica que siempre estamos preparados, nos recuerda quienes somos realmente debajo de esas americanas, corbatas, ordenadores, aviones, documentos, etc. 
 
Y aunque físicamente no nos podamos mover, si que hay un movimiento interior, un movimiento psicológico que nos obliga a seguir en nuestra ruta. Y no olvidemos que un paso pequeño continúa siendo un paso y un que un movimiento pequeño sigue siendo un movimiento que nos aleja de la inercia del sedentarismo.
 
Y esa lucecita, ese movimiento interior nos dirige de derrota en derrota hasta la victoria final.  
  
De todo esto me he dado cuenta cuando me he visto programando las carreras de la temporada que viene. Y es que aunque estemos sentados, seguimos de alguna manera en movimiento. 
 
USAF

domingo, 25 de octubre de 2015

DÉDALO E ÍCARO.




Este fin de semana no tenía nada que hacer y me puse a pensar(Otro vicio que tengo). Y mi insana mente se dirigió a Dédalo y a su hijo Ícaro.  

Dejadme que os refresque la memoria. Dédalo y su hijo Ícaro crearon para el rey Minos una cárcel sin puertas para contener al Minotauro. Lo que viene siendo un laberinto.

Para que no pudiesen contarle a nadie el secreto del laberinto, el rey encerró a Dédalo y a su hijo en una torre. Finalmente ambos escaparon volando haciendo unas alas con cera y plumas. 

Eso me llevo a pensar en un pequeño detalle y es: ¿Cuántos días tuvieron que pasar juntos padre e hijo para llegar a la conclusión que la mejor manera para escapar era volando?¿Qué tipo de conversaciones se deben tener para llegar a esa conclusión?¿De qué tuvieron que hablar hasta ese momento?

Yo me imagino la conversación haciéndose mutuamente preguntas del estilo ¿Cuál es tu color favorito?¿Cómo os conocisteis mamá y tú?¿Papá, a qué jugabas cuando eras pequeño?¿Cómo te encuentras?¿Qué estás sintiendo aquí encerrado? Así hasta que lleguen a tomar la decisión de salir volando. 

Lo que ocurra después ahora mismo no es relevante para mí post de hoy.

Teniendo en cuenta que padre e hijo ya tenían una relación laboral, seguramente aprovecharon el tiempo para conocerse más.

En la actualidad, ¿cuántas horas pasamos charlando con nuestros hijos? No pretendo acusar ni estigmatizar a nadie. Sólo pretendo daros una idea para reflexionar durante diez minutos. Si los padres no están trabajando o en reuniones o salvando ciertos compromisos, resulta que los niños están en el colegio, o haciendo actividades extra-escolares o en unas colonias aprendiendo inglés.

¡Qué suerte tuvieron Dédalo e Ícaro que pudieron pasar tanto tiempo juntos?¿Por qué nos obsesionamos por hacer cosas que hacen que nuestra vida pase sin pena ni gloria?¿Por qué dedicamos tanto tiempo a nuestro negocio y dejamos al más importante negocio de nuestra vida?

Me parece que sería mucho mejor dedicar más tiempo a nuestra vida, al dolce far niente, a tomar un café mientras miramos a nuestros hijos a los ojos. Leer el periódico mientras nuestro hijo hojea un cómic, un libro o cualquier otra cosa. Además estoy convencido que al pasar más tiempo con nuestro hijo o nuestro padre evitaría muchas visitas al psicólogo, seríamos capaces de gestionarnos mutuamente. 

El conocimiento humano de aquellos que nos son más cercanos y representan para más nosotros debe ser el objetivo primordial. ¿Cuál es el mayor tesoro que podemos dejar a nuestros hijos?¿Cuál es el mayor tesoro que nos han dejado nuestros padres? Creo que la respuesta correcta es: los recuerdos. Para poder dejar recuerdo es necesario dedicar a nuestro objetivo tiempo.

"Yo le dedico a mi hijo tiempo de calidad". Quizás lo que dedicas a tu hijo es el tiempo que te sobra, le das las migajas de tu tiempo, los momentos que tienes libres. Pero no es así. Es necesario dedicar mucho tiempo, jugar mucho, leer juntos, ir al cine juntos, de excursión, mil cosas. La solución no puede ser otra.

No soy quien para dar lecciones, sólo lanzo ideas para reflexionar. Espero que os sirva.

SUAF

martes, 20 de octubre de 2015

Lesiones psicológicas.

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Los atletas, incluso los populares, estamos absolutamente obsesionados con evitar las lesiones a toda costa. Atendemos a nuestros cartílagos, a huesos, ligamentos, a todo. Hacemos todo lo posible y lo imposible para evitar cualquier tipo de menoscabo que nos impida salir a correr y disfrutar de nuestro vicio, a darnos un buen chute de serotonina que nos permitan ser más felices en este mundo que nos ha tocado vivir. 

Sin embargo, aunque no descuidemos nuestra psicología mediante lecturas, videos de motivación y todo lo que la autoayuda pone a nuestro alcance, no podemos evitar que alguna lesión se cebe con nuestra mente.

No tiene que ver con grandes depresiones, ni tan siquiera con un pequeño quebradero de cabeza. Tiene que ver con una bajada de bio-ritmos, con un descenso de endocrinas o de adrenalina que nos deja varados.

Sin embargo, me  he dado cuenta de que el deporte como cualquier otro vicio tiene sus secuelas.

No puede abandonarse de manera gratuita. Siempre está en nuestra mente con una idea que se repite como un mantra: "Tengo que salir a correr. Tengo que salir a correr". Del mismo modo en que años antes decía: "Tengo que dejar de fumar. Tengo que dejar de fumar". (Justo al acabar de decirlo me encendía un cigarrillo.)

Al final el mantra se hizo realidad hace ya cinco años.

Del mismo modo que después de estar tanto tiempo sin fumar aún me considero fumador; ahora, aunque por diferentes razones llevo una temporada sin correr, me sigo considerando un corredor.

Por que debo decirlo, tengo mono, sufro de síndrome de abstinencia y veo mi calzado deportivo que me mira con esos ojitos tristes mientras me suplican que lo saque a pasear; y, ciertamente, lo añoro.

Y, aunque debo reconocerlo, hubiera preferido no parar, la verdad es que este descanso inesperado me ha venido muy bien para eliminar una posible sobrecarga.

También se muere de éxito. Y tras los últimos me vine arriba, forzándome , quizás más de lo necesario. 

Aunque dentro de poco nos volveremos a cruzar por la calle corriendo.

Un saludo 



SUAF

martes, 29 de septiembre de 2015

EL MIEDO DEL PORTERO AL PENALTY.



No ha mucho tiempo, por cuestiones laborales, asistí a una conferencia cuya temática en este momento carece de importancia.
 
El conferenciante, un hombre curtido en tales lides, comenzó a hablar acerca de un tema que dominaba sobradamente; sin embargo, al observar con atención, noté que la voz le temblaba. Mantenía la compostura, se movía por el escenario con la soltura y con el dinamismo propios de un ejecutivo que no tiene otro objetivo en la vida que comerse el mundo.
 
Sin embargo, le temblaba la voz.
 
Esto me llevo a pensar en los grandes deportistas, esos que tienen contratos millonarios, derechos de imagen, patrocinadores y que sirven de modelos para multitud de personas en el mundo entero. De esos a los que les ponen las cámaras y los micrófonos delante y responden cosas tales como: "El fútbol es así.", "Nos ha fallado la táctica.", "La mecánica no resistió.", etc. 
 
Y supongo que a todos ellos en determinados momentos les temblará la voz, las piernas o cualquier otro elemento que componga su físico.
 
De nuevo los vi en las alineaciones del campo de fútbol o de baloncesto, saltando y moviéndose, o en los tartanes de atletismo, desentumeciendo los músculos, o en los cuadriláteros de boxeo, agitando la cabeza a un lado y a otro. Siempre había pensado que estaban calentado o que querían mantener la tensión de un cuerpo que había acabado la sesión de calentamiento y no querían que volviese a su estado de letargo. 
 
Pues, no. No era eso.
 
Era miedo, era nerviosismo, era, sobretodo, responsabilidad. Y eso es lo mismo, mutatis mutandis, que siento yo cuando salgo a hacer una mis carreras populares por esos mundos de Dios. Nervios, adrenalina, miedo a fallar y sobre todo miedo a fallarme.
Resulta que aquellos señores siguen temiendo la oportunidad que tienen a su alcance, que dominan, para la que están sobradamente preparados y su miedo, a mí, me tranquiliza. Los traslada al ámbito de los mortales, resulta que pertenecemos a la misma especie, con las mismas sensaciones y los mismos mecanismos para regular nuestro estado de ánimo. 
 
Prometo pensar en ello en la próxima carrera popular, prometo darme cuenta que cualquier corredor, futbolista, púgil o piloto y yo pertenecemos ambos a la misma especie. Del mismo modo se percibe el miedo del portero al penalti.
 
 
 
SUAF

lunes, 21 de septiembre de 2015

ANTICIPANDO EL ÉXITO




ANTICIPANDO EL ÉXITO

Relato del viernes 18 de septiembre por la noche, la Midnight trail de Collserola.

Me había inscrito en esta carrera hacía meses, pensando que sería una carrera popular por la montaña de noche, lo que venía siendo una nueva experiencia…y vaya si lo fue.

Se iniciaba la aventura a las 21’45 h. y allí estaba yo, camiseta, mallas, dorsal, frontal, dispuesto a todo. Sonó por megafonía el 5, 4, 3, 2, 1…y salimos a correr. Salimos desde la explanada del parque de atracciones y empieza la bajada, llegamos hasta un camino muy estrecho, donde casi debíamos pasar en fila india, desde allí llegábamos a la Carretera de les Aigües y corrimos por ella unos cuatro quilómetros. A partir de ese momento se inicia una fuerte ascensión por una calle con una inclinación que rompía las piernas, seguimos por unos tramos de escalera terribles que acababan con las energías que quedaban. 

Veías con alegría el final de las escaleras, pero lejos de acabarse el ascenso continuaba por la montaña hasta la base de la Torre de Collserola, que vista desde abajo resulta realmente impresionante. Desde su pie se aprecia la cercanía del parque de atracciones del Tibidabo donde está la meta. Sin embargo, la organización ha decidido que nos alejemos de ella y descendamos hacía la Font de la Bodellera lo que nos aleja de nuestro destino final.

¿Qué es lo que hay al final de un descenso? Efectivamente, una subida. Estamos aproximadamente en el kilómetro 10 y continúa la cuesta. Me alío con una muchacha israelí que me acompañará durante 2 kilómetros y que más tarde me dará una envidia cochina y marrana porque ella sí que acabará. Así que en el punto kilométrico 12 le pregunto a uno de los controles de la organización “¿Cuánto queda para la meta?”, la respuesta fue terrible “Unos tres kilómetros.” 

En ese momento, y llevando 1h y 50 m corriendo, decidí abandonar. No me veía ni con fuerzas ni con ánimos para continuar. A partir de ese momento, me puse en manos de la organización que tuvo a bien acercarme a la meta (que por respeto a los otros corredores, no crucé). Recogí un botellín de agua, un bocadillo y, tras aplaudir a los últimos corredores que llegaban y a los primeros, a quienes estaban dando los premios, bajé con dificultad a la ciudad porque me dolían terriblemente las piernas como para apretar los pedales del freno o del acelerador.

Lejos de sentirme derrotado por haber abandonado, me sentí aliviado por haber tomado la decisión correcta. Al día siguiente y con el cuerpo dolorido, me encontré con ganas de volver a mi afición, lo que significa que la próxima vez será más y mejor. 

Era un galeote feliz, era un dolor andante con ganas de continuar y muy lejos de apostatar de mi afición. Así que lejos de sentirme derrotado, me siento ilusionado para continuar corriendo; me siento con confianza en mí mismo, no sólo para empezar a correr sino para dejar de hacerlo. Y tan valiente es quien continúa corriendo como el que encuentra el momento exacto para dejar de hacerlo.



                                                                                                                                                                 SUAF

lunes, 22 de junio de 2015

AQUÍ ME TENÉIS.




Hola a todos, 

Después de algunas entradas, pensamientos, filosofadas, palabras de ánimo y demás, aquí me tenéis corriendo en la DIR-GU después de 10 kms.

Un tipo de 50 años a quien le gusta más correr que a un gorrino un charco, de 1'80 de altura y 118 kgs. de peso. Y voy a hacer una promesa, propuesta, apuesta con todos vosotros. Este verano empiezo la Operación Bikini 2016. 

No, no me he equivocado en el año, el 2016 va a ser mi año. Sabéis por qué lo sé, porque lo he decidido. He decidido que mi peso deje de tener tres cifras, he decidido bajar de 5 mn/km, he decidido hacerlo con alegría y en vuestra compañía.

Así que desde este momento y en cuento salga del cine (porque esta tarde me voy a ver Jurasic World con mis pequeños) me pongo las bambas y salgo a correr, a retomar una disciplina que hace años que tengo perdida. 

Pienso empezar de cero. Rutinas nuevas, quizás al principio vaya un poco descansado, pero poco a poco las rutinas van aumentando y para ello necesito vuestro apoyo, necesito vuestros ánimos y necesito que compartáis mi reto con los demás y hacerlo extensible para todas las personas posibles. 

Empezaré recuperando un fondo que tenía y que debí dejar en el fondo de algún armario olvidado. Unas series de rodajes, carreras cortas seguidas de una recuperación caminando. Todo ello dilatado en el tiempo y sin parar. Mañana ya os contaré como me ha ido.

Quien sabe si, a lo mejor, acabo siendo un modelo para otra persona que quiera seguir mi mismo reto y recuperarse a sí mismo después de años de sedentarismo, paternidad, vida laboral, etc.

A lo mejor alguna entidad deportiva me utiliza como reclamo para cantar las excelencias de su método, la verdad es que me da igual. Lo importante es que lo he decidido 

SUAF.

jueves, 18 de junio de 2015

EN OCASIONES VEO MUERTOS.




¿A vosotros no os pasa que en ocasiones veis muertos? Unos muertos incorpóreos, incomprensibles y débiles pero que aun así os dan miedo. Pues eso. Llevo unos días que no hago otra cosa que ver muertos. Sé que no me pueden hacer nada y que no pueden interactuar conmigo, pero me ponen muy nervioso. 


Te acuerdas de esas noches en que tenías miedo y mirabas debajo de la cama para ver si había alguien (por cierto, no era muy inteligente por nuestra parte mirar) y que luego te protegías tapándote entero con la sábana (porque todo el mundo sabe que las sábanas son antibalas, ja), pues así me encuentro yo desde hace unos diítas, trabajo, reuniones, vida familiar, carreras, etc. Y si me preguntáis que ocurre la respuesta es NADA. Pero sin embargo tengo unas hormiguitas que me recorren el estómago de noche y de día.


Puede ser la llegada del verano, el principio de las vacaciones que espero con delirio, que me encuentro en esos días en que me pregunto a qué huelen las nubes o nada de lo anterior, pero lo cierto es que me encuentro nervioso e intranquilo y que lo único que me ayuda a relajarme es salir a correr. 


¡Cúanta razón tiene Chema Martínez cuando dice “No pienses corre”!


SUAF.



martes, 16 de junio de 2015

PERSONAS NORMALES, RETOS EXCEPCIONALES.

 

¿Por qué las personas normales consiguen objetivos excepcionales? Me resulta muy interesante ver como las personas se hacen esta pregunta, errónea desde su enunciado. Aunque en ocasiones es mucho peor, dicha cuestión se plantea como enunciado, a saber “Las personas normales consiguen objetivos excepcionales”.

¿Dónde está el error de esa afirmación/pregunta? Perdonadme pero resulta evidente.

Permitid que os lo demuestre con un ejemplo. Llegamos a un bar, pedimos un café, le añadimos un sobrecito de azúcar, movemos la solución para que sea homogénea y, cuando lo probamos, oh dioses, está salado.

Podemos extraer dos conclusiones de dicha circunstancia.-

a.  El azúcar da al café un sabor salado o
b.  Lo que había en el café no era azúcar sino sal.

Mi poco sentido común me dirige de manera más que sospechosa a elegir la opción B, es decir, aquello que le hemos echado al café no era azúcar sino cloruro sódico, sal en román paladino.

Creo que el enigma planteado al inicio del texto está resuelto. Las personas que consiguen objetivos excepcionales plantean dos opciones:

a.  Los objetivos lejos de ser excepcionales son absolutamente normales o
b.  Las personas normales resultan ser excepcionales.

¿A qué persona normal se le ocurre salir a correr todos los días del año?¿A qué persona normal se le ocurre ir al gimnasio hasta la extenuación y regresa al día siguiente?¿A qué persona normal se le ocurre atravesar el Atlántico?¿A qué persona en su sano juicio se le ocurre hacer carreras de bicicleta en la variedad non-stop?

La respuesta es evidente. Esas personas no son normales, son excepcionales y su excepcionalidad no consiste en nada más que en luchar contra el enemigo más feroz de este mundo que no es otro que la voluntad de ser realistas y aferrarnos a nuestra monotonía.

Estas personas sueñan cosas excepcionales y viven vidas excepcionales tras su apariencia de absoluta normalidad. Lo que me lleva a interrogarme acerca de qué me hace excepcional.

Debe ser el levantarme todas las mañanas con una sonrisa, a lo mejor es acercarme a la camita donde duermen mis hijos para admirarles, puede que sea silbar por los pasillos de la oficina, y si fuese tener ilusiones, sueños y deseos. Puede que sea el hecho de planear fines de semana de esquí, de montaña, de viajes en tiendas de campaña. Quizás, y sólo quizás, sea el intentar disfrutar de mi familia y aficiones en este mundo.

Lo lamento, todo esto para mí es normal. Es lo habitual en mi mundo y con las personas que me relaciono generalmente. No se trata de que hacemos cosas excepcionales, se trata de que tenemos una actitud excepcional.

SUAF.