domingo, 25 de octubre de 2015

DÉDALO E ÍCARO.




Este fin de semana no tenía nada que hacer y me puse a pensar(Otro vicio que tengo). Y mi insana mente se dirigió a Dédalo y a su hijo Ícaro.  

Dejadme que os refresque la memoria. Dédalo y su hijo Ícaro crearon para el rey Minos una cárcel sin puertas para contener al Minotauro. Lo que viene siendo un laberinto.

Para que no pudiesen contarle a nadie el secreto del laberinto, el rey encerró a Dédalo y a su hijo en una torre. Finalmente ambos escaparon volando haciendo unas alas con cera y plumas. 

Eso me llevo a pensar en un pequeño detalle y es: ¿Cuántos días tuvieron que pasar juntos padre e hijo para llegar a la conclusión que la mejor manera para escapar era volando?¿Qué tipo de conversaciones se deben tener para llegar a esa conclusión?¿De qué tuvieron que hablar hasta ese momento?

Yo me imagino la conversación haciéndose mutuamente preguntas del estilo ¿Cuál es tu color favorito?¿Cómo os conocisteis mamá y tú?¿Papá, a qué jugabas cuando eras pequeño?¿Cómo te encuentras?¿Qué estás sintiendo aquí encerrado? Así hasta que lleguen a tomar la decisión de salir volando. 

Lo que ocurra después ahora mismo no es relevante para mí post de hoy.

Teniendo en cuenta que padre e hijo ya tenían una relación laboral, seguramente aprovecharon el tiempo para conocerse más.

En la actualidad, ¿cuántas horas pasamos charlando con nuestros hijos? No pretendo acusar ni estigmatizar a nadie. Sólo pretendo daros una idea para reflexionar durante diez minutos. Si los padres no están trabajando o en reuniones o salvando ciertos compromisos, resulta que los niños están en el colegio, o haciendo actividades extra-escolares o en unas colonias aprendiendo inglés.

¡Qué suerte tuvieron Dédalo e Ícaro que pudieron pasar tanto tiempo juntos?¿Por qué nos obsesionamos por hacer cosas que hacen que nuestra vida pase sin pena ni gloria?¿Por qué dedicamos tanto tiempo a nuestro negocio y dejamos al más importante negocio de nuestra vida?

Me parece que sería mucho mejor dedicar más tiempo a nuestra vida, al dolce far niente, a tomar un café mientras miramos a nuestros hijos a los ojos. Leer el periódico mientras nuestro hijo hojea un cómic, un libro o cualquier otra cosa. Además estoy convencido que al pasar más tiempo con nuestro hijo o nuestro padre evitaría muchas visitas al psicólogo, seríamos capaces de gestionarnos mutuamente. 

El conocimiento humano de aquellos que nos son más cercanos y representan para más nosotros debe ser el objetivo primordial. ¿Cuál es el mayor tesoro que podemos dejar a nuestros hijos?¿Cuál es el mayor tesoro que nos han dejado nuestros padres? Creo que la respuesta correcta es: los recuerdos. Para poder dejar recuerdo es necesario dedicar a nuestro objetivo tiempo.

"Yo le dedico a mi hijo tiempo de calidad". Quizás lo que dedicas a tu hijo es el tiempo que te sobra, le das las migajas de tu tiempo, los momentos que tienes libres. Pero no es así. Es necesario dedicar mucho tiempo, jugar mucho, leer juntos, ir al cine juntos, de excursión, mil cosas. La solución no puede ser otra.

No soy quien para dar lecciones, sólo lanzo ideas para reflexionar. Espero que os sirva.

SUAF

martes, 20 de octubre de 2015

Lesiones psicológicas.

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Los atletas, incluso los populares, estamos absolutamente obsesionados con evitar las lesiones a toda costa. Atendemos a nuestros cartílagos, a huesos, ligamentos, a todo. Hacemos todo lo posible y lo imposible para evitar cualquier tipo de menoscabo que nos impida salir a correr y disfrutar de nuestro vicio, a darnos un buen chute de serotonina que nos permitan ser más felices en este mundo que nos ha tocado vivir. 

Sin embargo, aunque no descuidemos nuestra psicología mediante lecturas, videos de motivación y todo lo que la autoayuda pone a nuestro alcance, no podemos evitar que alguna lesión se cebe con nuestra mente.

No tiene que ver con grandes depresiones, ni tan siquiera con un pequeño quebradero de cabeza. Tiene que ver con una bajada de bio-ritmos, con un descenso de endocrinas o de adrenalina que nos deja varados.

Sin embargo, me  he dado cuenta de que el deporte como cualquier otro vicio tiene sus secuelas.

No puede abandonarse de manera gratuita. Siempre está en nuestra mente con una idea que se repite como un mantra: "Tengo que salir a correr. Tengo que salir a correr". Del mismo modo en que años antes decía: "Tengo que dejar de fumar. Tengo que dejar de fumar". (Justo al acabar de decirlo me encendía un cigarrillo.)

Al final el mantra se hizo realidad hace ya cinco años.

Del mismo modo que después de estar tanto tiempo sin fumar aún me considero fumador; ahora, aunque por diferentes razones llevo una temporada sin correr, me sigo considerando un corredor.

Por que debo decirlo, tengo mono, sufro de síndrome de abstinencia y veo mi calzado deportivo que me mira con esos ojitos tristes mientras me suplican que lo saque a pasear; y, ciertamente, lo añoro.

Y, aunque debo reconocerlo, hubiera preferido no parar, la verdad es que este descanso inesperado me ha venido muy bien para eliminar una posible sobrecarga.

También se muere de éxito. Y tras los últimos me vine arriba, forzándome , quizás más de lo necesario. 

Aunque dentro de poco nos volveremos a cruzar por la calle corriendo.

Un saludo 



SUAF